El conflicto Fémoro-Acetabular de Cadera

Karate

¿Qué es el “Conflicto femoro-acetabular”? 

El choque fémoro acetabular es una patología de la articulación de la cadera, cuyo origen desconocemos actualmente –pero que probablemente tiene relación con pequeños trastornos durante el crecimiento de los huesos-, que produce una pequeña alteración en la forma de alguno de los elementos óseos que forman la articulación de la cadera: el acetábulo y el fémur. A esa alteración de la forma normal se la denomina en Medicina como “displasia

  • Puede manifestarse como una giba en el cuello del fémur, que choca con el reborde acetabular (Conflicto tipo Cam o “leva”).
  • O bien como una prominencia del borde del acetábulo que choca contra el cuello del fémur en gestos de flexión y rotaciones de cadera (Conflicto tipo Pincer o “tenaza”).

A. Esquema de una cadera normal; B. Conflicto tipo Cam; C. Conflicto tipo Pincer; D. Combinación de conflictos Cam y Pincer

¿Cuáles son los síntomas del choque femoro acetabular?

Esta anomalía empieza a manifestarse en la mayoría de los casos como una dificultad para flexionar las caderas manteniendo las rodillas juntas a lo largo de la última parte de la infancia o comienzo de la adolescencia. Yo tengo un conflicto, y recuerdo perfectamente esa sensación: al llevar las rodillas al pecho, tendían a abrirse, y la única manera de mantenerlas unidas era apretarlas con las manos. Esta es una prueba muy sencilla, que os recomiendo que hagáis a vuestros hijos o alumnos jóvenes, ya que si tienen un conflicto, deben medir mucho el tipo de gestos deportivos que realizan, y buscar consejo médico para tratar de evitar la necesidad de una prótesis de cadera a una edad temprana. Para que os hagáis una idea, a uno de mis hijos ya lo hemos tenido que operar de un conflicto fémoro-acetabular, y aunque sus síntomas eran todavía relativamente ocasionales, en la artroscopia de su cadera comprobamos que el cartílago articular estaba empezando a dañarse, pero espero que lo atajásemos a tiempo. Ahora tiene una cadera con una forma normal, y confío en que le dure muchos años, sin que tenga que dejar de hacer deporte por su culpa.FERHATBEGOVIC Lejla(BOS) rojo-LIRA Yadira(MEX)_26

A medida que el proceso evoluciona y se inicia el deterioro de la articulación, aparece el dolor: al principio, dolor inguinal (que en los deportistas muchas veces causa confusión con una pubalgia o una tendinitis de adductores) y, con menor frecuencia, en la región trocanterea (el lateral de la cadera), los glúteos o en cresta ilíaca. El dolor se presenta durante o después de la práctica deportiva, cuando se permanece un rato sentado o bien al levantarse, sobre todo desde un asiento muy bajo. También puede manifestarse como una lenta pérdida de la movilidad o del juego de la cadera, a veces sin dolor al principio. Conozco un karateca que pasó de abrir 180º a tener dificultades incluso para ponerse los calcetines en un plazo de tan sólo unos meses: es sorprendente cómo nuestro cuerpo logra sobrellevar situaciones que parecen imposibles, hasta que pasa de un “punto sin retorno” y cae en barrena bruscamente.

El diagnóstico no es difícil si se sospecha la existencia de la patología, ya que la clínica y la imagen radiológica son muy típicas. Es muy importante que la patología sea conocida por parte de los médicos que ven a los pacientes por primera vez, porque eso evitará demoras en el diagnóstico, y permitirá tratar mejor el problema, antes de que el deterioro de la cadera haga la cirugía conservadora poco eficaz: a medida que las zonas prominentes de la cadera chocan entre sí, el labrum (anillo cartilaginoso que rodea al acetábulo) y el cartílago articular van dañándose. Si el cartílago se daña, va apareciendo la artrosis, y el dolor y la pérdida de movilidad van progresando. Ocasionalmente, se puede producir una rotura inestable del labrum o desprenderse un fragmento de cartílago, que produzca episodios de bloqueo o “enganches” de la articulación en ciertos movimientos.

Seguro que conocéis a algún karateca que ha tenido que operarse de la cadera. No es extraño, puesto que parece que el conflicto fémoro-acetabular afecta ¡al 15 % de los varones! (es más frecuente en varones que en mujeres), y se considera que podría ser el responsable de la mayor parte de las artrosis de cadera de los adultos jóvenes. Imaginad lo que puede ocurrir en una cadera que tiene un conflicto si la llevamos al límite de su recorrido, como cuando la utilizamos para realizar una técnica de pierna (sobre todo, circular y jodan) a altísima velocidad y con una parada brusca con recogida de nuevo a alta velocidad… ¡Lo sorprendente es que nos haya durado tanto!

WORLD KARATE CHAMPIONSHIPS_22_201104Cuando empiezan los síntomas, el tratamiento inicial puede ser la restricción de las actividades deportivas que sobrecargan la articulación de la cadera, o que la llevan más allá del límite en el que se produce el conflicto entre fémur y acetábulo. Ocasionalmente, el uso de medicación antiinflamatoria, y un protocolo de tratamiento fisioterápico-osteopático puede ayudar a corregir los movimientos perjudiciales, sobre todo si existe una disfunción de las articulaciones sacroilíacas asociado, a la vez que alivia el dolor. Se deben evitar los asientos bajos y las posturas que favorecen el conflicto.

Las inyecciones intra-articulares –bien con Orthokine, o con Plasma Rico en Factores de Crecimiento, o bien con preparados de ácido hialurónico- pueden reducir o hacer desaparecer el dolor, en ocasiones temporalmente y otras veces por un periodo largo. Sin embargo, es fácil comprender que si existe un problema mecánico (de conflicto o choque) en la articulación, la solución que se requiere será también mecánica (hacer desaparecer el conflicto). No hagáis caso de los tratamientos milagrosos con “células madre” (sobre todo, si los hacen en el centro de estética de la esquina…): es una terapia todavía en fase experimental, muy restringida y que requiere una serie de permisos por parte del Ministerio de Sanidad complejos, que se hace en muy pocos centros. La mayoría de lo que se ofrece como “células madre” no lo son en absoluto. Y además, aunque funcionase para recuperar parte del cartílago articular, lo que no puede hacer es remodelar el hueso. Y si el hueso no se remodela, el problema persistirá.

Si el conflicto se detecta en fase precoz, se puede realizar una cirugía “conservadora”, que consiste en remodelar la cadera, bien por vía artroscópica o bien por cirugía abierta, limando la zona prominente del hueso (sea en el fémur o sea en el acetábulo) y reparando el labrum (como si fuese un menisco roto que se suturase), pero la eficacia a medio y largo plazo de esta cirugía depende de que no se hayan producido todavía lesiones irreparables en el cartílago articular. Una vez que el cartílago está dañado, lo más a lo que podemos aspirar es a mejorar lo síntomas (que no es poco, claro), y a confiar en prolongar la duración de la cadera original, aunque antes o después tendremos que recurrir a colocar una prótesis en ella.

Dr. Rafael Arriaza Loureda

Director del Instituto Médico Arriaza y Asociados

Deja un comentario