El ejercicio físico puede ser una de las mejores herramientas para prevenir el cáncer

Según la Organización Mundial de la Salud, la falta de actividad física es la cuarta causa más importante de mortalidad: se calcula que llega a ser responsable del 6% de las muertes en el mundo. De manera especial, la falta de actividad física suficiente es uno de los factores que se está comprobando que puede ser uno de los factores de riesgo para la aparición de ciertos tipos de cáncer. De hecho, la American Cancer Society considera que el incremento de la aparición de casos de cáncer entre personas jóvenes  (menores de 50 años) se debe, al menos en parte, al estilo de vida sedentario que se ha impuesto en el mundo occidental.  A la vez, cada vez hay más evidencia científica que relaciona la actividad física con una reducción del riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer, y se están llevando a cabo multitud de estudios experimentales en animales y de análisis epidemiológicos en humanos que apoyan esta idea.

La revista Exercise and Sports Science Reviews, publicada por el American College of Sports Medicine, acaba de presentar un trabajo de la Universidad de Carolina del Sur  en el que se detallan los interesantísimos estudios que están realizando en el campo de la reducción causada por el ejercicio en el desarrollo de tumores en modelos de cáncer de mama  y de colon en ratones (Publicacmos un post en el que hablábamos del Entrenamiento con Fuerza para pacientes con Cáncer) .

Parece evidente que los mecanismos que justifican el efecto beneficioso del ejercicio sobre el riesgo de cáncer son complejos, y se considera que varios de ellos, actuando de manera  interconectada, son los responsables de esta acción: la reducción de adiposidad y la disminucion de adipoquinas, el equilibrio energético, los niveles de insulina, los estrógenos y la función del sistema inmunitarios son algunos de los que se han estudiado. 

running_cancer

De manera muy reciente, se ha sugerido que la reducción de la actividad inflamatoria provocada por el ejercicio físico puede tener un papel muy importante en la reducción de la incidencia de cáncer: se sabe desde hace tiempo que la inflamación está relacionada con la aparición y progresión del cáncer, y que la actividad física reduce los procesos inflamatorios. También sabemos desde hace tiempo que la actividad física ejerce un efecto beneficioso en la evolución de los pacientes que sufren la mayor parte de los procesos cancerosos, aunque la mayor evidencia se centra en el cáncer de mama y el de colon.

El cáncer de colon es el tercer tipo más frecuente de cáncer y la cuarta causa de mortalidad en enfermos de cáncer. En su caso, la falta de actividad física se ha identificado como responsable o favorecedora de un número importante de casos de cáncer de colon, mientras que la actividad física se asocia con un riesgo reducido. De hecho, se calcula que un nivel elevado de actividad física puede reducir el riesgo de padecer cáncer de colon ¡hasta en el 50%! Los estudios epidemiológicos en seres humanos refuerzan los hallazgos del laboratorio en animales: un estudio que se lleva a cabo en el área de Melbourne (el  Melbourne Collaborative Cohort Study) que analiza una población de 41.529 australianos para determinar la incidencia de diferentes patologías y sus factores de riesgo, comprobó que aquellos pacientes que realizaban actividad física tenían una mayor tasa de supervivencia tras el tratamiento.  Otros estudios han comprobado también que la presencia de pólipos en el intestino es más frecuente en las personas que hacen menos de una hora de ejercicio físico a la semana.

El cáncer de mama es actualmente el segundo tipo de cáncer en frecuencia, y la causa de muertes relacionadas con cáncer más frecuente entre mujeres. Es indudable que un porcentaje de ellos tienen una predisposición genética, pero muchos están ligados también a factores relacionados con el estilo de vida. Cada vez se acumula más evidencia que demuestra una relación entre la actividad física y la reducción del riesgo de cáncer de mama. Los diferentes estudios han demostrado una reducción del 25% del riesgo en mujeres que realizan ejercicio físico frente a las que son inactivas. Esta relación parece más fuerte si la actividad física se ha realizado durante toda la vida y se mantiene tras la menopausia, es de intensidad moderada o intensa, y se realiza de manera regular.  Pero además, cada vez hay más evidencia médica de que la supervivencia de las mujeres tratadas por cáncer de mama es mayor entre las que hacen ejercicio físico regularmente.

cancer de mama

Por si esto fuera poco, la evidencia científica también va creciendo en lo que se refiere a  los beneficios de la actividad física en cuanto a los efectos secundarios de la medicación empleada en el tratamiento del cáncer, la radioterapia, la cirugía y la recuperación tras la quimioterapia, mejorando también la calidad de vida.

Es decir, que a día de hoy, y basándonos en lo que sabe la medicina y demuestra la evidencia científica moderna, parece claro que niveles de actividad física moderados o intensos reducen el riesgo de padecer diferentes tipos de cáncer, disminuyen los efectos secundarios derivados de su tratamiento, y aumentan la supervivencia de los pacientes… Aunque aún no sabemos (y tal vez no sepamos nunca) cuál es el nivel de intensidad, ritmo, duración de sesiones, etc. idóneos  para cada persona, lo que está claro es que hacer ejercicio, prescribir ejercicio y enseñar a hacer ejercicio son herramientas fundamentales en nuestra sociedad para muchas cosas, pero incluso como arma para combatir una de las enfermedades que más nos atemorizan, el cáncer.

Dr. Rafael Arriaza Loureda

Dtor. Instituto Médico Arriaza y Asociados

Deja un comentario