Entrenamiento con fuerza en pacientes con Cáncer

Se acaba de publicar un espléndido artículo de revisión de lo que se sabe hasta ahora sobre el efecto del entrenamiento físico con resistencias (con pesas, gomas, etc), para mejorar los niveles de fuerza en pacientes que han sido tratados por cáncer. Aparece en el número de Noviembre de la prestigiosa revista Medicine and Science in Sports and Exercise, y lo firma Bárbara Strasser. Los autores han revisado 11 estudios aleatorizados previos para poder obtener unas conclusiones más fiables que las de cada estudio aislado, y ha coincidido con la presentación en las Jornadas de la Federación Española de Medicina del Deporte, en Zaragoza, de los resultados preliminares del trabajo que están desarrollando en el Hospital del Niño Jesús, en Madrid, sobre este mismo área pero en niños. Una de las experiencias bonitas de esta reunión científica ha sido reencontrarme allí con Rubén, un antiguo alumno del INEF de Galicia, que ahora está desarrollando este proyecto como parte de su Tesis Doctoral.

parques_adultos_300x300Todo el mundo es consciente de que la terapia del cáncer presenta numerosos efectos secundarios, que se suman a los de la propia enfermedad para provocar una debilidad muy marcada en lo pacientes. La atrofia muscular causa una reducción en la capacidad funcional, cambios importantes en la composición corporal, fatigabilidad, y –además- favorece el círculo vicioso de la depresión que muchas  veces asola a estos pacientes.  Nos encontramos con un círculo vicioso, en el que la disminución de los niveles de actividad física causados por la pérdida de musculatura, junto con la habitual pérdida de apetito, van a favorecer todavía más la atrofia muscular y la disminución mayor de los niveles de fuerza del paciente, lo que hace que cada vez sea más difícil llevar a cabo las actividades, y así sucesivamente.  En muchos casos, esta pérdida de fuerza sumada a la reducción de los niveles de forma aeróbica (general) hacen que sea difícil incluso llevar a cabo actividades de la vida cotidiana, reduciendo marcadamente la calidad de vida de los pacientes cancerosos y –tal vez- incrementando la tasa de mortalidad. Los beneficios de la práctica de un entrenamiento para mejorar la fuerza muscular incluyen, por tanto, la mejoría de la función física global, la reducción de la fatiga y, por ello, la mejora de la calidad de vida

 Es cierto que aún no se sabe con exactitud cuál es el programa ideal de ejercicio para los supervivientes al cáncer, y aunque tradicionalmente se han considerado importantes las actividades aeróbicas, este meta-análisis sugiere que el trabajo muscular global para mejorar los niveles de fuerza es muy apropiado para estos pacientes, con efectos beneficiosos tanto a corto como a largo plazo. Y muy importante: ninguno de los trabajos revisados encontraron efectos adversos significativos en los participantes. Parece que lo ideal es realizar el entrenamiento dos días por semana, trabajando a intensidades de bajas a moderadas (por debajo del 75% de la 1RM, o sea, de  la carga máxima con la que el sujeto puede hacer una repetición del ejercicio), pero llegando a niveles de fatiga apreciables, y que esto produce mejoras de la masa muscular y de la fuerza equivalentes a un trabajo con resistencias de medianas a altas, y sin sus riesgos potenciales de lesión. Además, existe una evidencia significativa que muestra que el ejercicio realizado a estas intensidades es al menos igual de efectivo a la hora de reducir el porcentaje de grasa corporal que el realizado a altas intensidades. Como regla, se puede decir que la carga adecuada sería aquella que permite realizar entre 12 y 15 repeticiones antes de que el cansancio impida continuar, lo que suele corresponder a un 60-70% de la 1RM. Al principio del programa, habría que realizar un mínimo de 2 series de trabajo por cada grupo muscular por semana, y la progresión (muy suave), nos llevará a realizar hasta 6 series de trabajo por grupo muscular y por semana. El análisis de la respuesta de los pacientes a la “dosis” de ejercicio sugiere que un número mayor de repeticiones no aportará gran beneficio ni en función muscular, ni en composición corporal, ni en los niveles de fatiga.

file1871264468042Otra parte importante de las conclusiones de este estudio es que la actividad física puede realizarse no sólo después del tratamiento, si no también durante el tratamiento de estos pacientes, que incluyeron casos de cáncer de mama, próstata, y región del cuello. Ahora ya sabemos que el entrenamiento de fuerza ofrece grandes beneficios para los pacientes oncológicos y para los supervivientes a estos tipos de cáncer, y creo que el camino está abierto para empezar a realizar nuevos estudios de larga duración incluyendo pacientes sufriendo otros tipos de cáncer (ginecológicos, de colon y recto, de pulmón, etc). Una buena noticia.

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