La especialización precoz de los niños aumenta el riesgo de lesiones

En los últimos años se ha hecho muy evidente la tendencia a que los niños realicen deporte organizado, en lugar de la tradicional actividad física recreativa, y a que los “entrenamientos” sustituyan al “juego”. De alguna manera, la idea subyacente es que cuanto antes se especialice el niño, mayor será su rendimiento futuro, y mayores sus posibilidades de lograr sobresalir en un deporte determinado. Las horas de juego diverso, de actividades lúdicas basadas en habilidades básicas (correr, saltar, trepar, lanzar, etc.) se han ido sustituyendo por horas de repetición de habilidades específicas de un deporte, de los mismos gestos.

Especialización Precoz

Es muy habitual encontrar niños (sobre todo, aquellos que destacan por su habilidad a una edad determinada) que juegan –pongamos por caso, fútbol– con el equipo del colegio, que además entrenan y juegan con el equipo de un club determinado, que además, uno o dos días a la semana juegan un partido de fútbol sala, acumulando muchas horas de balón. Y si son llamados para jugar con las selecciones de su ciudad, provincial o territorial, además pierden los periodos de vacaciones, porque es entonces cuando éstas establecen la competición. Si nos paramos a analizar la situación, veremos que no tiene mucha lógica.

Los estudios médicos recientes, publicados en el American Journal of Sports Medicine, y las recomendaciones de diversas Sociedades de Medicina y Traumatología del Deporte son concluyentes: la especialización precoz es, por un lado, fuente de lesiones y por otro, genera chavales “quemados” por un deporte, sin que haya evidencia de que mejore el rendimiento futuro y aumente el índice de éxitos en el deporte a la edad adulta.

Parece ya evidente que los niños que practican un solo deporte de manera intensiva tienen más lesiones (sobre todo, lesiones por sobreuso, crónicas, que pueden incluso poner en peligro su futuro deportivo) que los niños que realizan las mismas horas de ejercicio, pero diversificado. Por usar la frase que yo suelo emplear en los cursos que imparto, podemos decir que los niños están preparados para estar todo el día en movimiento, pero no para estar todo el día haciendo el mismo movimiento.

JuegosY esto, ¿cómo lo medimos? ¿Donde ponemos el límite? Como regla general, se recomienda que los niños no realicen una misma actividad más de una hora semanal por cada año que tengan. Así, un niño de 12 años no deberá practicar (incluyendo entrenamientos, tiempos de recreo en el colegio y competiciones o partidos) el mismo deporte, u otro en el que las habilidades sean las mismas  -como ocurre con el fútbol y el fútbol sala, por ejemplo- más de 12 horas a la semana.

A esta situación se añade el problema de que los niños, por continuar disfrutando de su deporte, muchas veces soportan dolor o molestias hasta que la situación se hace ya insostenible, haciendo más difícil resolver sus lesiones, o tratan de reincorporarse a la práctica del deporte antes de haber completado su recuperación. Si los adultos a su cargo (básicamente, los padres y los entrenadores) no actúan de una manera responsable y en lugar de tener una actitud conservadora lo que hacen es animar a los niños a seguir entrenando o jugando con molestias o a reincorporarse demasiado pronto, por aquello de “lo importantes que son para el equipo”, o la de “seguro que no es nada”, estaremos generando una mezcla peligrosísima para los chavales.

Seamos sensatos: dejemos que los niños disfruten de la actividad física, que se formen y enriquezcan su bagaje motor y coordinativo, que aprendan los valores que la disciplina a la que obliga el deporte y la conciencia de la importancia del esfuerzo para obtener resultados les van a dar para el desarrollo del resto de sus vidas, pero no nos empeñemos en convertirlos en “mini profesionales”. No quememos a los futuros deportistas, ni física, ni mentalmente, antes de tiempo. Ante la duda, mejor parar y consultar a un profesional de la Medicina o la Traumatología del Deporte: si no había peligro o lesión, nuestro hijo habrá perdido unos pocos días de práctica (en los que seguramente haya encontrado otras cosas entretenidas para hacer), pero en caso contrario, nos habremos ahorrado todos mucho.

Dr. Rafael Arriaza Loureda

Director del Instituto Médico Arriaza y Asociados

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