Mireia Belmonte, de la lesión al Oro Olímpico

  • Los doctores del Instituto Médico Arriaza publicaron hace 3 años una teoría que cambiaría la forma de entender la lesión que afectaba a la deportista, el hombro del nadador.

Ver a Mireia llegando a tocar la pared de la piscina esas 3 centésimas antes que la australiana Groves ha sido, para muchos de nosotros, una verdadera satisfacción. Conseguir un oro olímpico no es nunca fácil, y más todavía para una nadadora que el año pasado tuvo que renunciar al Mundial en el que era favorita a causa de la lesión más temida por los nadadores, conocida de manera difusa como “el hombro del nadador”, debido a la frecuencia con la que afecta a estos deportistas y a sus devastadoras consecuencias.

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Las alarmas saltaron cuando, después de varios meses de entrenar y competir con dolor,  Mireia tuvo que renunciar a participar en Junio de 2015 en el Trofeo Internacional Ciudad de Barcelona, así como en los Mundiales de natación que se disputaron en Kazán. Mireia pasó entonces por el mismo calvario que muchos otros nadadores antes que ella: visitas a médicos, fisioterapeutas, ecografías, resonancias… Si hacemos un recorrido por la hemeroteca, veremos que todo arrojaba muchas más dudas que certezas en cuanto al tratamiento adecuado y a los plazos de recuperación.  Como decía la propia Mireia, “empecé con el hombro derecho, con bursitis. Los tendones estaban inflamados… todo, con líquido, y después me detectaron en el hombro izquierdo una pequeña rotura del supraespinoso…”. Todo eso se puede tratar, pero el problema es que si no se resuelve la causa desencadenante, el hombro vuelve a doler y, de hecho, Mireia llevaba nadando con dolor desde varios meses atrás, asumiendo, como hacen muchos nadadores que “bueno, a ver, raro es el nadador al que no le duelen los hombros, porque son muchas brazadas, muchas piscinas seguidas… Son cosas que no puedes controlar. Supongo que será igual que un atleta con las rodillas… Al final en el deporte de élite siempre tienes alguna molestia”.

El dolor de hombro de los nadadores ha sido, desde hace mucho tiempo, una incógnita para los Traumatólogos Deportivos; se ha achacado a muchas cuestiones que coexisten en las articulaciones del nadador que lo sufre, pero la realidad es que no se sabía si estas eran la causa o el efecto del problema, por lo que no tenía un tratamiento eficaz. Fruto de la inquietud que sentían por esta lesión, y con voluntad de arrojar luz sobre este problema que ha afectado a tantísimos nadadores, desde el Instituto Médico Arriaza se elaboró hace 3 años, y en colaboración con el Dr. López Vidriero, una teoría que cambiaría la forma de entender el hombro del nadador al ofrecer un enfoque terapéutico más avanzado, teoría que sería finalmente publicada en la revista más prestigiosa del mundo en el campo de la la traumatología del deporte, el American Journal of Sports Medicine.

Esta proponía que el origen del problema no se encontraba en los tendones como se creía hasta ese momento, sino en la irritación de en uno de los nervios del hombro a causa de una alteración en el movimiento ocasionada por una elevada fatiga del nadador, y que era esta irritación la que afecta posteriormente a ciertos músculos, y en última instancia, a los tendones.  Se trata de un círculo vicioso que acaba haciendo que, como cuenta Mireia, “el hombro duela hasta en la cama y sea difícil incluso elevar la mano para hacerse una coleta”. Debido a que cuanto más dolor hay y peor funcionan los músculos, más se altera el patrón de movimiento del hombro y más se irritan los tejidos, lo que causa de nuevo más dolor.

En el caso de Mireia, y después consultar infructuosamente hasta con 9 especialistas diferentes, se inició el tratamiento. Se buscó, por una parte, resolver la irritación de los tejidos por medio de infiltraciones guiadas por ecografía con plasma rico en factores de crecimiento, una técnica que se lleva a cabo en el Instituto Médico Arriaza desde el año 2002, y por otra, siguiendo la propuesta planteada en la teoría mencionada anteriormente, evitar que el movimiento anómalo desencadenante siguiese perpetuando el cuadro. Poco a poco, el dolor fue cediendo, y Mireia aprendió algo básico pero que con frecuencia los deportistas olvidan en la búsqueda de mejorar el rendimiento; que el cuerpo tiene límites y que hay que saber escucharlo. En Marzo, ella decía que la lesión le había servido para aprender cosas. Fundamentalmente, a escuchar a su cuerpo, “a escucharlo, porque cuando entrenas no eres consciente nunca, siempre estás al límite y si sales sin mover el brazo da igual. Te recuperas y al día siguiente vas otra vez a la piscina y esto va así; pero ahora tengo más cuidado. El cuerpo es sabio y sabe lo que necesita, lo que no puede hacer y lo que sí, si puedes apretar o no…”.

A partir de ahí, el programa exhaustivo y controlado al milímetro de su entrenamiento en Sierra Nevada, acompañada de su entrenador  Fred Vergnoux, su fisioterapeuta Mónica Solana, el especialista en Biomecánica y profesor de la Facultad de Ciencias del Deporte de Granada Raúl Arellano, y por supuesto, de sus médicos. El trabajo ha sido tremendo, y el resultado ya es conocido. Nadie podrá quitarle jamás a Mireia el placer de decir que es Campeona Olímpica, ni a todos los que han estado con ella en este camino, el placer íntimo de saber que un trocito de ese oro también les pertenece. Ha sido sin duda todo un ejemplo de trabajo en equipo, de capacidad de sacrificio y de voluntad de superación.

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